domingo, 20 de mayo de 2012

Meditaciones.

¿Qué asco de todo no? Creo que pienso demasiado. Cuanto más lo pienso peor me parece todo y con menos solución. Por ejemplo el tema de la injusticia, hay y siempre habrá. ¿Qué nos queda? ¿dejarlo pasar?, ¿dejarlo en manos de otro, los tribunales?, ¿la venganza, la justicia por nuestra propia cuenta? Todo es un caos y está mal estructurado desde un principio, donde más claro se ve es en la diferencia de recursos y oportunidades entre clases sociales, entre familias, entre personas. ¿Cómo podemos consentir que haya gente que se muere de hambre?¿En qué momento se acabó nuestra humanidad? ¿qué es lo suficientemente potente como para arrebatar la esencia del hombre? Como helenista propongo como respuesta la soberbia, el querer jugar a ser dioses.  El hombre es inconformista y siempre aspira a más. Eso es bueno hasta cierto punto, cuando te olvidas de los demás ahí fallas. Lo óptimo sería que todos avanzásemos, que nos ayudásemos. Quizás el orgullo y la vanidad son la mejor venda para no ver la realidad. ¿Y qué ganamos con el orgullo? Yo a lo largo de mi vida he comprendido que el orgullo es un plato agrio pero que deja un regusto dulce. Comerse el orgullo es una buena opción. En caso de no hacerlo y conseguir lo que pretendíamos a toda costa, yo pregunto: ¿y?, ¿ no sabes que las victorias valen la pena cuando se comparten? El orgullo nos distancia de la gente y las victorias se vuelven amargas. Concluyo con esto que esa victoria no vale nada.

Ganar, perder, competir, rendirse. Sólo espero que los jugadores sean justos e iguales y que la suerte y la vida no sean un árbitro vendido al mejor postor. Ah, bueno, se me olvidaba, esto no es mi utopía mental, es la injusta realidad.

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